07 ciudadela.pdf
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U niversidad de Chile
Facultad de Arquitectura y Urbanismo
Departamento de Ciencias de la Construcción
C urso Construcción I — 3er Semestre
Prof. Luis Goldsack Jarpa — Ayud. Mauricio Loyola

DOCUMENTO COMPLEMENTARIO

CIUDADELA (EXTRACTOS)
ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY
Cap. IV
Morada de los hombres, ¿quién te fundará sobre la razón? ¿Quién será capaz, según la lógica, de
construirte? Existes y no existes. Eres y no eres. Estás hecha de materiales dispares; pero es
preciso inventarte para descubrirte. Igual que aquel que destruyó su casa con la pretensión de
conocerla posee sólo un montón de piedras, de ladrillos y tejas, y no sabe qué servicio esperar de
ese montón de ladrillos, de piedras y de tejas, pues les falta la invención que los domina, el alma
y el corazón del arquitecto. Porque faltan a la piedra el alma y el corazón del hombre.
Pero como las únicas razones son las del ladrillo, la piedra y la teja y no las del alma o del corazón
que los dominan, por su poder los transforman en silencio, y como el alma y el corazón escapan a
las reglas de la lógica y a las leyes de los números, entonces, yo apareceré con mi arbitrariedad.
Yo, el arquitecto. Yo, que poseo un alma y un corazón. Yo, único que posee el poder de cambiar la
piedra en silencio. Llego y amaso esta pasta que es sólo materia, según la imagen que sólo me
llega de Dios y fuera de las vías de la lógica. Yo construyo mi civilización, prendado del gusto que
tendrá, como otros construyen sus poemas y la inflexión de la frase y cambian la palabra, sin
estar obligados a justificar la inflexión y el cambio, prendados del gusto que tendrán, y que conocen en el corazón.
Porque yo soy el jefe. Y escribo las leyes y dispongo las fiestas y ordeno los sacrificios y, de sus
carneros, de sus cabras, de sus moradas, de sus montañas, extraigo esta civilización semejante al
palacio de mi padre donde todos los pasos tenían un sentido.
Porque, sin mí, ¿qué hubieran hecho del montón de piedras, al removerlo de derecha a izquierda,
sino otro montón de piedras todavía menos organizado? Yo gobierno y escojo. Y soy el único que
gobierna. Y he aquí que pueden orar en el silencio y la sombra que deben a mis piedras. A mis
piedras ordenadas según la imagen de mi corazón.
Soy el jefe. Soy el dueño. Soy el responsable. Y solicito ayuda. Por haber comprendido claramente
que el jefe no es quien salva a los otros, sino quien pide ser salvado. Porque es por mí, por la
imagen que conduzco, que se funda la unidad que he obtenido, yo solo, de mis carneros, de mis
cabras, de mis moradas, de mis montañas, y helos aquí, amantes, como lo serían de una joven
divinidad que abriera sus brazos frescos en el sol, y a la que no han reconocido en un principio.
He aquí que aman la casa que he inventado según mi deseo. Y a través de ella, a mí, al
arquitecto. Como aquel que ama una estatua no ama la arcilla, ni el ladrillo, ni el bronce, sino los
esfuerzos del escultor. Y yo los aficiono a su morada, a los de mi pueblo, para que sepan
reconocerla. Y no la reconocerán hasta que la hayan nutrido con su sangre, y engalanado con sus
sacrificios. Ella les exigirá incluso su sangre, hasta su carne, porque será su propia significación.
Entonces no podrán desconocer esta estructura divina en forma de rostro. Entonces
experimentará amor por ella. Y sus veladas serán fervientes. Y los padres, cuando sus hijos abran
los ojos y los oídos, se ocuparán en descubrírsela, a fin de que en la diversidad de las cosas.

Y si he construido mi morada lo bastante vasta como para dar un sentido hasta a las estrellas,
entonces, si se aventuran de noche en sus umbrales y alzan la cabeza, darán gracias a Dios por
conducir tan bien esos navíos. Y si la he construido lo bastante durable como para que contenga
toda la duración de la vida, entonces irán de fiesta en fiesta como de vestíbulo en vestíbulo,
sabiendo adonde van, y d escubriendo a través de 1a vida diversa, el rostro de Dios.
¡Ciudadela! Te he, pues, construido como un navio. Te he clavado, aparejado, después
abandonado en el tiempo, que es un viento favorable.
¡Navio de los hombres sin el cual perderían la eternidad!
Pero conozco las amenazas que gravitan en contra de mi navio. Siempre atormentado por la mar
oscura del e
xterior. Y por las otras imágenes posibles. Porque siempre es posible echar abajo el
templo y prevalerse de las piedras para otro templo. Y el otro no es ni más verdadero, ni más
falso, ni más justo, ni más injusto. Y nadie conocerá el desastre, pues la calidad del silencio no
está inscrita en el montón de piedras.
Por esto deseo que apoyen sólidamente los grandes flancos del navio. A fin de salvarlos de
generación en generación, porque no embelleceré un templo si lo recomienzo a cada instante.
C ap. XIX
Hice comparecer a los arquitectos y les dije: —De vosotros depende la ciudad futura, no en su
significación espiritual, sino en el rostro que mostrará y que le dará su expresión. Y estoy de
acuerdo con vosotros en que se trata de instalar felizmente a los hombres. A fin que disfruten "de
las comodidades de la ciudad y no malgastan sus esfuerzos en vanas contemplaciones y en
derroches estériles. Pero siempre he sabido distinguir lo importante de lo urgente. Porque, por
cierto, es urgente que el hombre coma, porque si no se nutre no es hombre y no se plantea
ningún problema. Pero el amor y el sentido de la vida y el gusto de Dios son más importantes. Y
no me interesa una especie que engorda. El interrogante que me propongo no es saber si el
hombre sí s
erá o no feliz, próspero y cómodamente abrigado. Me pregunto que hombre se verá
próspero, abrigado y feliz. Porque, a mis boticarios enriquecidos que hincha la seguridad, yo
prefiero el nómade que huye eternamente y persigue el viento porque embellece cada día servir a
tan magno señor. Si obligado a escoger, se me informara que Dios niega al primero su grandeza y
la concede al segundo, hundiría a mi pueblo en el desierto. Porque me gusta que el hombre cíe su
luz. Y poco me importa el cirio graso. Sólo por su llama mido su calidad.
"Pero no he observado que el príncipe sea inferior al que descarga leña, ni el genera] al sargento,
ni el jefe a los obreros aunque sea más amplio el uso de sus bienes. Y los que construyen
murallas de bronces no son inferiores a los que alinean los muros de barro. No rehuso la escalera
de las conquistas que permite al hombre subir más alto. Pero no confundo el medio con el fin, la
escalera y el templo, Es urgente que una escalera permita el acceso al templo, si no permanecerá
de sierT o. Pero solamente el templo es importante. Es urgente que el hombre subsista y halle a su
alrededor los medios para crecer. Pero esto es sólo la escalera que conduce al hombre. El alma
que le construiré será basílica pues ella sola será importante.
"Así pues, yo os condeno no por favorecer lo cotidiano, sino por tomarlo como fin. Porque si, por
cierto, las cocinas del palacio son importantes al fin de cuentas, al palacio sólo le importa que las
cocinas sirvan. Y yo os convoco para preguntaros:
"—¿Mostradme la parte importante de vuestro trabajo?" Y permaneceréis mudos ante mí. "Y
vosotros me decís:
"—Respondernos a las necesidades de los hombres. Les cobijamos.
Sí. Como se responde a las necesidades del ganado que se instala en los establos sobre el pajar, Y
el hombre, ciertamente, tiene necesidad de muros para enterrarse y transformarse como la

simiente. Pero tiene necesidad también de la gran vía láctea y de la vastedad del mar, a pesar de
que ni el mar ni las constelaciones le sirvan de nada en el instante. Porque ¿qué es servir? Y
conozco a algunos, que larga y duramente, han escalado la montaña, desollándose las rodillas y
las manos, desbastándose en su ascensión para ganar la cima antes del alba y abrevar en la
profundidad de la llanura todavía azul como se busca el agua de un lago para beber. Y se sientan
y miran, una vez allí, y respiran. Y el corazón les late jubilosamente, y hallan un remedio
soberano para sus desganos.
"Y conozco a los que buscan el mar al paso lento de sus caravanas y tienen necesidad del mar. Y
que cuando llegan a lo alto del promontorio y dominan esa extensión plena de silencio y densidad
y que oculta a sus miradas su provisión de algas o de corales, respiran la acritud del suelo y se
maravillan de un espectáculo que de nada les sirve en el instante; porque no se aprisiona al mar.
Pero su corazón se lava de la esclavitud de las pequeñas cosas. Quizá asistían con descorazonamiento como desde detrás de los barrotes de una prisión, al hervor de los utensilios de
menaje, a las quejas de sus mujeres, a la ganga jornalera, que puede ser rostro pleno y sentido
de las cosas, pero a veces convertirse en- tumba y esperarse y encerrar.
"Entonces cogen provisiones de extensión y llevan a sus casas la beatitud que han hallado en ella.
Y la casa cambia porque en alguna parte existe la llanura al alzarse el día, y el mar. Porque todo
se abre sobre algo más vasto que uno. Todo se transforma en caminos, ruta y ventana sobre otra
c osa distinta a uno mismo.
"Entonces no me digáis que vuestros muros cotidianos les bastan; porque si el hombre no hubiera
visto nunca las estrellas y si estuviera en vuestro poder construirle una vía láctea de bóvedas
gigantes a condición de gastar una fortuna en la erección de semejante cúpula, ¿me dirías que
esa fortuna se desperdiciaría?
"Y por esto os digo: Si construís el templo inútil, dado que no sirve para cocinar, ni para reposar,
ni para la asamblea de los notables, ni para las reservas de agua, sino simplemente para el
engrandecimiento del corazón del hombre, y para calmar los sentidos y para el tiempo que
madura, pues es en todo semejante a una bodega del corazón donde uno se instala para bañarse
unas pocas horas en la paz equitativa y en el aquietamiento de las pasiones y la justicia no
desheredada; si construís un templo donde el dolor de las úlceras se transforma en cántico y
ofrenda, donde la amenaza de la muerte se transforma en puerto entrevisto con aguas por fin
tranquilas, ¿creeríais haber malgastado vuestros esfuerzos?
"Si a aquellos que se desgarran las manos al maniobrar las velas los días de tempestad, y que se
zarandean duramente noche y día y son carne viva duramente raspada por la sal, fuera posible
recibirlos de tiempo en tiempo en las aguas serenas y luminosas de un puerto, donde no hay ya
movimiento, ni hora, ni esfuerzo, ni aspereza del combate, sino silencio de las aguas que roza
apenas la llegada, cuando el gran navio parece minúsculo sobre su área, ¿creerías haber
malgastado tu trabajo? Porque le es dulce esta agua de cisterna, después de todas esas cabelleras
que corren sobre el petral de las olas, de todas esas crines de la mar. "Y he aquí lo que te es
posible ofrecer al hombre y que los fundamentos de sus corazones podrían comprender que, de
pilar en pilar, de sala en sala, de nave en nave, lo que buscan es al capitán y que todos están allí
tiritando en el corazón pero sin conocerlo, pidiendo una ayuda que no llega, aguardando u
na
muda que se resiste, hundidos en sí mismos, pues no hay más que templos muertos, a medio
ensamblar, porque sólo hay navios encallados cuya provisión de silencio y de sombra está mal
protegida y que hacen agua por todas parles, con grandes bóvedas de cielo azul que se muestran
n través de las cúpulas derrumbadas o con esa granizada de arena a través de las brechas de los
muros. Y tienen hambre de un hambre que no será satisfecha . . .
"Así, yo os lo digo, construiréis porque la selva profunda es buena para el hombre; y la vía láctea,
y la llanura azul dominada desde lo alto de las montañas. Pero ¿qué es la extensión de la vía
láctea y de las llanuras azules y del mar en comparación con la que ofrece la noche en el corazón
de las piedras, cuando el arquitecto ha sabido llenarlas cíe silencio? Y vosotros mismos, vosotros

los arquitectos, os engrandeceréis al perder el sabor de lo común. Naceréis de la obra verdadera
por realizar porque ella os drenará; puesto que no os servirá, sino que os obligará a servirla. Y os
arrojará fuera de vosotros mismos. Porque ¿cómo podrían nacer grandes arquitectos de obras sin
grandeza?
"Seréis grandes sólo en el caso de que las piedras que pretendéis cargar de poder no sean objetos
de concurso, asilos para la comodidad o de destino común y verificabas, sino pedestales y
escaleras y navios que conduzcan a Dios.

Para quien desee leer el libro completo, se encuentra disponible en la biblioteca de la FAU. La
clasificación es: 843 S137c 1966