05 el objetivo.pdf
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U niversidad de Chile
Facultad de Arquitectura y Urbanismo
Departamento de Ciencias de la Construcción
C urso Construcción I — 3er Semestre
Prof. Luis Goldsack Jarpa — Ayud. Mauricio Loyola

DOCUMENTO DE PRESENTACION

EL OBJETIVO: HACIA LA NECESIDAD DE DEFINIR
NUESTRO QUEHACER PROFESIONAL EN EL CONTEXTO
DEL MUNDO ACTUAL

A MANERA DE INTRODUCCIÓN
EXTRACTOS DE "SABER VER LA ARQUITECTURA” (Bruno Zevi)
1.

El Espacio como Protagonista

"...El carácter primordial de la Arquitectura, el carácter por el que se distingue de las demás
actividades artísticas, reside en su actuar por medio de un vocabulario tridimensional que
involucrad hombre. La pintura actúa en dos dimensiones, aunque pueda sugerir tres o cuatro. La
escultura actúa en tres dimensiones pero el hombre permanece al exterior, separado, mirándolas
desde fuera. La arquitectura por el contrario es como una gran escultura excavada, en cuyo
interior el hombre penetra y camina.
"La arquitectura no deriva de una suma de longitudes, anchuras y alturas de los elementos
constructivos que envuelven el espacio, sino dimana propiamente del vacío, del espacio envuelto,
del espacio interior en el cual los hombres viven y se mueren...".
Desde la primera choza del hombre primitivo hasta nuestra casa, hasta la Iglesia, hasta la
escuela, hasta la oficina donde trabajamos toda obra de arquitectura para ser comprendida y
vivida, requiere el tiempo, el tiempo de nuestro recorrido, la cuarta dimensión.
Pero el espacio arquitectónico no se agota con las cuatro dimensiones, el hombre que moviéndose
en el edificio y estudiándolo desde sucesivos puntos de vista crea por así decirlo la cuarta
dimensión, comunica al espacio su realidad integral.
La experiencia espacial propia de la arquitectura tiene su prolongación en la ciudad, en las calles y
en las plazas, en las callejuelas y en los parques, en los estadios y en los jardines, allí donde la
obra del hombre ha delimitado "vacíos", es decir donde ha creado espacios cerrados.
Decir que el espacio interno es la esencia de la arquitectura no significa de ninguna manera que el
valor de una obra arquitectónica se agote en el valor espacial. Todo edificio se caracteriza por
una pluralidad de valores, económicos, sociales, técnicos, funcionales, artísticos, espaciales y
decorativos.
Después de un siglo de arquitectura preponderantemente decorativa escultórica, "a - espacial", el
movimiento moderno en su esplendido intento de llevar de nuevo la arquitectura a su propio
campo, ha desterrado la decoración de los edificios, insistiendo sobre la tesis de que los únicos
valores arquitectónicos legítimos son los volumétricos y espaciales.
La arquitectura racionalista
se dirigió principalmente hacia los valores volumétricos, mientras que el movimiento orgánico
apuntó a los espaciales.
Después de veinte años de nudismo arquitectónico, de desinfección decorativa, de fría y glacial

volumetría, de esterilización estilística contraria a tantas exigencias psicológicas y espirituales, la
decoración (ya no en forma de ornamentación aplicada, sino en forma de acoplamiento de
materiales naturales distintos, de nuevo sentido del color, etc.) está entrando en la arquitectura y
es además justo que así sea.
2.

Las Edades del Espacio

"La arquitectura responde a exigencias de tan diversa naturaleza que describir adecuadamente su
desarrollo equivaldría a exponer la historia misma de la civilización. La historia de los numerosos
factores que la componen, ya con la preponderancia de uno, ya de otro, pero siempre con la
presencia de todos, ha generado las distintas concepciones espaciales.
Factores Sociales: Todo edificio es el resultado de un programa edilicio. Este se funda en la
situación económica del país y de los individuos que promueven las construcciones, en el género
de vida, en las relaciones de clase y en las costumbres que de ellas derivan.
Factores Intelectuales no incluyo lo que el individuo y la colectividad son, sino también lo que
quieren ser.
Factores Técnicos: Progreso de las ciencias y de sus aplicaciones en el artesanado, en la
industria.
- Factores propios del mundo figurativo y estético: Conjunto de las concepciones e
interpretaciones del arte y el vocabulario figurativo que en cada época forma el idioma de donde
los poetas extraen palabras y frases para expresar sus creaciones en lenguaje individual.
T odos estos factores analizados en el conjunto de sus relaciones variables integran la escena en la
que nace la arquitectura cuyas obras siempre son el producto de la coexistencia y el equilibrio de
los componentes de la civilización en la que surgen.
"El único privilegio de la arquitectura sobre todas las otras artes, sea que construya habitaciones,
iglesias o barcos no es resguardar un hueco cómodo y rodeado de defensas, sino construir un
mundo interior donde el espacio y la luz se miden según las leyes de una geometría, una
mecánica y una óptica necesariamente implícitas en el orden natural, pero donde la naturaleza no
interviene".

EXTRACTOS DE "ARQUITECTURA EN TRANSICIÓN" (Constantinos A. Doxiadis, 1964).

A.
1.

LA CONFUSIÓN ARQUITECTÓNICA
La Pesadilla Urbana

No encuentro otra expresión que describa mejor nuestras ciudades que la de pesadilla urbana..
Esto es cierto, con muy pocas excepciones, de todas las ciudades. Es cierto de prácticamente
todo lo que se construye actualmente. Pero también es cierto de las ciudades del pasado, muchas
de las cuales, aun cuando fueron algún día satisfactorias, se han transformado en híbridos donde
la vieja arquitectura tiene que servir a nuevas necesidades y donde la tranquila ciudad del pasado,
construida para seres humanos, se ha visto invadida por máquinas y automóviles.
Pero vivir en cualquiera de casi todas nuestras ciudades es hoy vivir una pesadilla; una pesadilla
urbana simbólica de tantos problemas de nuestra época, pues es en las áreas urbanas donde
estos problemas adquieren su expresión más manifiesta.
2.

Las Grandes Preguntas

Vivir en ciudades no nos ayuda a ver claro en arquitectura. Lo que es especialmente malo para
nosotros, los arquitectos, a los que se nos considera los directores en el campo de la construcción,
es que nuestro papel, como legos o como expertos, es confuso en muchos aspectos. Es tan
confuso, que las grandes preguntas y los grandes dilemas surgen constantemente.
¿Es el arquitecto un diseñador de edificios? Hemos de examinar realmente las dos partes de la
pregunta: diseñadores y edificios.
¿Puede un arquitecto limitarse a los edificios? ¿Y qué ocurre con las ciudades? Incluso si creamos
los edificios adecuados, ¿tenemos que dejar a otros la realización de la síntesis dentro de la
ciudad, del área urbana? ¿Vamos a dejarlo al ingeniero de tráfico o al planificador urbano? En este
caso ¿de qué planific ador se trata? , ¿de un planificador que es arquitecto o que no lo es? Me
parece que hemos de admitir honestamente que no hemos contestado a esta pregunta. No
sabemos si el arquitecto ha de crear edificios, barrios o ciudades.
Hablamos también de diseñadores. ¿Son realmente los arquitectos los diseñadores de edificios?
¿Tienen derecho a continuar siendo diseñadores o trazadores de planos?
Quién va entonces a
crear los edificios?
¿Hasta qué punto tienen derecho los arquitectos a limitarse a diseñar, y
acusar a los constructores, a los clientes o a la sociedad en general porque no siguen sus diseños?
¿Puede el diseño ser un fin de sí mismo, y puede justificarse el arquitecto limitándose a diseñar,
en vez de proceder a la verdadera edificación o construcción? No creo que hayamos conseguido
responder en nuestra época ni tan sólo a esta importante cuestión.
Me doy entonces cuenta de que nuestro problema es un problema de confusión. Hace una
generación tratábamos de romper con el pasado. Rompimo s desde luego sus lazos, pero sólo los
del diseño arquitectónico, y estamos ahora perplejos ante el futuro.
Hace una generación
teníamos que romper las cadenas del academicismo y liberarnos para crear arquitectura moderna.
Esto lo hemos hecho ya, pero ahora nos encontramos viviendo una pesadilla urbana que se
extiende cada vez más y que nos encarcela en su centro. Y miramos alrededor, confusos,
tratando de descubrir lo que hay que hacer con esta libertad que hemos ganado a pulso.

B.
1.

ÉPOCA DE TRANSICIÓN
La Arquitectura en Rápida Evolución

La causa principal de nuestra confusión es que nos encontramos en una época de transición cuyo
carácter se refleja también en la arquitectura.
La arquitectura sigue simplemente la tendencia general de su época. Está ahora, como ha estado
siempre, en proceso de evolución, pero de una evolución más intensa y más rápida que nunca.
Cuando la arquitectura estaba pasando en Grecia de lo arcaico a lo clásico y, luego, de lo clásico a
lo helenístico, o cuando se pasaba del alto al bajo renacimiento o barroco, la evolución era lenta.
Ahora, las cosas han cambiado.
La evolución es hoy tal, que los estilos arquitectónicos tienen que ser creados cada día por cada
uno, y por vez primera estamos confundiendo la moda arquitectónica con el estilo arquitectónico.
Esta evolución, este tránsito de fase a fase, es lo que me induce a calificar a la arquitectura de
nuestro tiempo de arquitectura de transición.
La primera y más simple definición de este cambio, especialmente para los arquitectos y grupos
de gente tecnológicamente avanzada, es la de transición de lo académico a lo moderno. Es una
revolución real que empezó hace una generación y que ha tenido éxito hasta el momento, pero
que sin embargo no ha aportado ninguna solución. De no ser así, no tendríamos hoy planteados
tales problemas.
En cierto sentido hemos rechazado a los dioses del pasado, pero cada uno se ha vuelto hoy un
dios. Oímos muchas ¡deas y propuestas, cosa útil hasta cierto punto. El hombre está probando
en todas partes sus nuevas alas, pero no siempre alcanza ni siquiera las nubes más bajas, y
mucho menos el Sol. Demasiado a menudo nuestros modernos ícaros caen gnominiosamente;
i
las calles de nuestras ciudades están jalonadas con los desechos de sus alas rotas.
Podemos decir quizá que tales intentos por lo menos a la opinión pública la posibilidad de elegir
entre muchas propuestas e ideas. Pero la opinión pública no es libre, sino esclava de su propio
habitat y está ligada a la inercia creada por su propio ambiente.
2.

Apresada entre lo Viejo y lo Nuevo

La opinión pública pide muy a menudo lo tradicional;pero pidiendo la creación de algo que
recuerde las casas viejas olvida que las casas viejas, como dijo Lorca, están hechas no por
arquitectos, sino por el tiempo.
Así cada uno de nosotros, viviendo en una casa del pasado o andando por una calle del pasado,
acarrea el peso de lo que le rodea. Nos vemos así obligados a crear lo nuevo mientras vivimos en
medio de lo viejo que existe aún y de lo viejo que es imitado una vez más. "Nosotros damos
forma a los edificios -dijo sir Winston Churchill-, luego, ellos nos dan forma a nosotros". Esta es
una verdad importante que olvidamos a menudo cuando hablamos de la opinión pública y del
progreso de selección de lo adecuado. ¿Quién selecciona? El público. ¿Y cómo está educado el
público en términos de arquitectura? Principalmente por lo que le rodea y por las revistas
populares.
Tomemos ahora una ciudad media para estudiar el ambiente en el que el ciudadano medio vive en
un momento dado. Tomando 100-120 años como el promedio de vida de los edificios en esta
ciudad, cualquier individuo que alcanza la edad adulta en un momento X abre los ojos cada día en
una ciudad creada por las cuatro generaciones precedentes. Vive en una ciudad que a menudo no
corresponde a sus necesidades actuales.
La ciudad ha sobrevivido incluso a sus propios
creadores, pues la gente que creó un cierto grupo de edificios ha muerto hace más de 100 años —
incluso teniendo en cuenta que empezaron sus creaciones a los veinte años y vivieron un

promedio de setenta-. Durante su vida el mismo hombre tendrá la oportunidad de añadir quizás
un 30 o un 40 por ciento, pero, aun con ello, habrá trabajado en una ciudad de la que ha
heredado sus dos terceras partes. Durante este tiempo cambiará sus vestidos muchas docenas
de veces, su coche unas cuantas, su equipo industrial por lo menos tres o cuatro veces; su
ciudad, sin embargo, seguirá en gran medida tal como la heredó.
Este hecho hace del ciudadano medio un esclavo del pasado en términos de arquitectura más que
en los de cualquier otra cosa dependiente de él. Tenemos, por lo tanto, que habérnoslas con una
opinión pública encadenada.
De este modo, el hombre medio tiende a considerar como bueno lo que prevalece. Todo ello
estaba muy bien cuando no existía un cambio evidente en tecnología y modos de vida, pero no es
ya satisfactorio ahora, cuando las principales características de la vida en nuestro derredor es el
cambio rápido. A causa de una tendencia a copiar lo que prevalece, el hombre medio es muy
conservador. Quiere construir algo que parezca idéntido a lo que conoce y ve cada día. Es
partidario, por lo tanto, de continuar las soluciones locales tradicionales y, también, aunque pueda
parecer extraño, de importar soluciones ajenas, pues las ha visto en sus viajes o ha leído acerca
de ellas en revistas. Esta, por consiguiente, en favor de un status quo propio o importado, y se
opone así a la evolución de las soluciones existentes a que lleva la introducción de ideas nuevas.
Pero incluso e! mismo arquitecto es también esclavo de su ambiente. Ha de tener, sin duda,
mucha categoría para deshacerse de su habitat y juzgarlo con criterios válidos, conservando lo
que es necesario, pero desprendiéndose de lo que no puede servirle. Los científicos se liberan del
ambiente aislando sólo los hechos que necesitan. E incluso los artistas pueden en cualquier
momento de su vida, evitar la influencia de cualquier estilo particular, sea este contemporáneo o
tradicional. El arquitecto es el único que está obligado a crear algo mejor mientras vive inmerso
en las obras de sus antepasados y bajo su constante influencia. No puede menos que aceptar
muchas soluciones del pasado como primeros principios naturales de su propia obra.
La
arquitectura se crea cada día y tiene, por lo tanto, que seguir un difícil camino cargada hasta los
límites de su resistencia por e! peso de su habitat.
Este hecho, a saber, que tanto el público como el arquitecto deben vivir en un medio no creado ni
influido por ellos, tiene sus aspectos positivos y sus aspectos negativos. El aspecto positivo
consiste en que las fuerzas de inercia creadas por el ambiente actúan como un órgano de defensa
contra cambios que no han sido bien concebidos o bien ideados y que por lo tanto no son,
simplemente, los más apropiados. Esto es a veces un expediente de seguridad necesario. A fin
de cuentas, aun cuando un fallo instantáneo no tiene necesariamente que ser costoso, un
arquitecto que conduce equivocadamente a la humanidad originará una inversión tal, que mucha
gente tendrá que sufrir durante años a causa de la incapacidad que tiene la comunidad de destruir
cualquier creación arquitectónica. En este sentido es conveniente respetar la creación arquitectónica del pasado y sacar de ella toda la inspiración posible.
Por otro lado, sin embargo, el habitat que heredamos actúa como un freno real ya que, consciente
o no, la gente tiende a considerar lo que existe como la mejor guía de lo que debe existir.
Sea como fuere, tenemos que reconocer que la humanidad se halla apresada entre lo viejo y lo
nuevo. Si el ritmo de transformación es entonces lento, siempre hay tiempo para reajustarse,
puesto que el ritmo de transformación de l s necesidades es también muy lento y la gente está
a
satisfecha haciendo sólo las pequeñas alteraciones en el entorno que puedan realizarse en el
tiempo apropiado. Pero cuando el ritmo de transformación de toda la sociedad en que vivimos es
tan rápido como lo es hoy, el ritmo lento de transformación en nuestro habitat actúa, sin duda,
como un freno de la evolución normal o del progreso.
Es éste uno de los nuevos y grandes problemas del arquitecto contemporáneo. El ritmo de
transformación exige de él la creación de algo que en muchos aspectos debe ser nuevo; pero al
mismo tiempo, el arquitecto arrastra el gran peso de su propio habitat.
De ese modo se

encuentra realmente cogido entre lo viejo que no puede ser derruido de la noche a la ma ñana y lo
nuevo que es indispensable para el nuevo modo de vida que se ha de seguir.
3.

El Significado de "Nuevo"

Tenemos que aclarar aquí a qué nos referimos al decir "lo nuevo" o, lo que es lo mismo, al decir
"lo moderno". ¿Nos referimos a un "moderno" de líneas horizontales que se opondría a "lo viejo"
de líneas verticales?
¿Nos referimos quizás a los edificos prefabricados o a los depósitos de agua de aluminio que
definen el horizonte de nuestras ciudades? ¿O nos referimos a la casa esférica, o al rascacielos, o
incluso a la casa-concha sin fin? No hemos contestado aún a estas preguntas, que siguen
pendientes.
En realidad no nos hemos puesto de acuerdo sobre qué es lo moderno o lo nuevo.
En todo caso tenemos pocas realizaciones nuevas y estamos aún rodeados por unas escasas
creaciones modernas sumergidas en el gran número de las viejas, porque la fuerza económica y la
inercia que ellas crean no nos permiten cambiar de habitat tan fácilmente como cambiamos de
traje o de coche.
Dudo que hoy conozcamos realmente qué es lo nuevo, Hace treinta años era más fácil responder
a esta pregunta.
Entonces, cualquier cosa que no era vieja -que quería decir entonces
"académica"-, cualquier cosa que rompiera con la tradición, era considerada nueva, útil, bonita y
buena. Era la época de la revolución y se tenía que fomentar cualquier esfuerzo de carácter
revolucionario.
Pero no tenemos hoy derecho a pensar del mismo modo. Es hora de reconocer que la revolución
no ha sido completa, y para ello sí necesitamos nuevos esfuerzos revolucionarios. Por otra parte,
sin embargo, no podemos ya alabar indiscriminadamente todo esfuerzo revolucionario por el mero
hecho de serlo.
Es ya hora de romper la asociación mental entre "nuevo" y "Bueno", para poner en claro que lo
nuevo no tiene sentido alguno cuando simplemente rompe con el pasado, sino tan sólo cuando
representa una aportación positiva al futuro. Si miramos nuestros problemas desde esta
perspectiva, tendremos que reconocer que gran parte de la actividad desarrollada en fábricas (en
la producción de nuevos materiales y métodos de producción) y en zonas de casas baratas -no
importa si construidas según planes privados, societarios, estatales o absolutamente al azar- es
mucho más importante que la desarrollada en los estudios de muchos arquitectos importantes.
Un químico o un director de producción pueden, en último término, ser mucho más importante
para la arquitectura del futuro que muchos arquitectos.
Si puede parecer extraño el hecho de que incluso los esfuerzos privados, no organizados, o los
dirigidos a la construcción de casas baratas pueden ser mucho más importantes que la "gran
arquitectura", tenemos que recordar solamente que a menudo es mejor dejar trabajar a las
fuerzas naturales a su manera, que confiar en nosotros mismos por el simple hecho de que algo
nos ha sugerido la fórmula de una solución. En nuestro caso, si admitimos estar en una época de
transición y estar confusos, es por lo menos igualmente razonable esperar que la verdad pueda
surgir tan fácilmente de la creación humilde como de lo que llamamos "arquitectura de
arquitectos".
¡Cuántas veces olvidamos que la falta de todo proyecto es mejor que un mal
proyecto! .
4.

De la Manufactura a la Industria

Nos damos ahora cuenta de que lo realmente nuevo no se encuentra necesariamente en la mesa
de trabajo del arquitecto. Pero observemos los cambios básicos que se están produciendo en

arquitectura.
Uno de los más importantes es el tránsito de la creación arquitectónica desde la labor manual a la
industria. Lo que en el pasado fue un problema de producción local basada en la habilidad de los
habitantes del lugar y en el uso de los materiales allí disponibles, se está ahora transformando
cada vez más en una actividad basada en materiales producidos a cientos o miles de kilómetros, y
en partes constructivas que se incorporan al edificio como unidades globales. De este modo, el
arquitecto, que fue un tiempo el único director de la creación, está ahora transformándose en un
coordinador de la creación arquitectónica, pues se ve cada vez más obligado a emplear materiales
y elementos en la concepción, en la producción y en la forma, en cuya elaboración puede no
haber tenido intervención ninguna.
Al principio, esa tendencia apareció especialmente en los interiores de nuestros edificios. Más
tarde se extendió a algunas partes de la estructura, hasta que gradualmente una parte
cada
vez mayor del edificio se vio implicada en ello. Si pensamos en los nuevos rascacielos de los
Estados Unidos de Norteamérica, en los que se emplean tableros prefabricados, superficies planas
construidas de antemano y paredes plegables prefabricadas, no podemos ya dudar de que el
arquitecto está empezando a tener un papel distinto. Sin duda, esto no ocurre en todas partes,
puesto que si el mismo arquitecto dibuja un refugio en lo alto de una montaña aislada, puede aún
estar trabajando al modo del arquitecto -y aun del alba-ñil- de otros tiempos. Y, sin embargo,
entre el arquitecto que se ve obligado a trabajar con materiales prefabricados y aquel que tiene
que trabajar sólo con materiales naturales, existe una serie completa de eslabones que prueban
que el arquitecto moderno ha de pasar necesariamente de una arquitectura que era producto de
la labor manual a otra que se ha transformado en un producto industrial. Al mismo tiempo, el
número de personas que participan directa o indirectamente en la creación de un edificio se hace
cada vez mayor y tiende hacia el infinito.
5.

Entre lo Local y lo Internacional

La tendencia general que va de la labor manual a la producción industrial implica también un
desplazamiento de las soluciones arquitectónicas desde lo local hacia el nivel internacional.
Si determinados materiales se producen sólo en algunos países, la gente que diseña estos
materiales tendrá influencia en el país en que ha de construirse el edificio que los emplea. La
arquitectura se mueve así entre lo local y lo internacional y los arquitectos están siempre
apresados entre estos dos grupos de fuerzas opuestas.
La cooperación internacional en cuestiones de desarrollo es un fenómeno muy reciente y la
experiencia en este campo es limitada. Estamos aún en la fase experimental de este reciente
intento de promover una mejor comprensión entre la gente para crear un nuevo mundo. Tomada
conjuntamente con los otros elementos de nuestro tiempo, la aceptación de todos los principios
que hemos mencionado aquí lleva inevitablemente a una homogeneidad de las soluciones en las
distintas partes del mundo. Tres oleadas de influencias han causado este acercamiento.
La primera oleada fue levantada por la creación de medios técnicos de producción o transporte,
medios que son empleados en todas partes de manera parecida. Las similitudes empezaron a
hacerse evidentes en ciertos tipos de edificios que deben realizar una función standard. Un
molino, por ejemplo, podría diseñarse en Londres y ser construido exactamente del mismo modo
en muchas partes del mundo. Y esto es cierto, especialmente si los climas de esas zonas son
p arecidos, o, si aún siendo distintos, se cuenta con calefacción o aire acondicionado.
Independientemente de la región o de la ciudad, existen funciones -en especial las relacionadas
con las comunicaciones-basadas en patrones más o menos universales. Hemos construido, por
ejemplo, el mismo tipo de garaje y el mismo t'po de edificios para aeropuertos y muelles
destinados a servir para los mismos aviones y barcos, en distintos lugares del mundo, y, más aún,

las compañías de petróleos han empezado a vender en estaciones de servicio de un tipo standard
que vemos ahora en todas partes. Y así continúa el proceso.
La segunda oleada de soluciones parecidas empezó cuando los materiales producidos en un país puertas prefabricadas, ventanas, tabiques, etc.- empezaron a venderse y a ser empleadas en
otros. El nacimiento de los muebles prefabricados ha llevado incluso a una homogeneidad en el
amueblamiento y decoración interiores.
Luego, con el incremento de las comunicaciones, las
modas se han extendido; concebidas en un país, pueden ahora influir sin embargo en otras partes
del mundo a través de revistas, libros, películas, telavisión, etc.
Había, por último, las universidades del ámbito más desarrollado del mundo occidental, creando
arquitectos que se extendieron por todo el mundo y que representaron un tercer factor
conducente a la homogeneidad de las soluciones.
En el principio de la historia humana no existía ninguna tradición de suficiente imp ortancia.
Soluciones parecidas se daban en distintas localidades, porque la genta estaba equipada del
mismo modo para construir, y porque usaba materiales parecidos en lugares parecidos.
La
irradiación local, regional o internacional se produjo entonces. ¿Llegará por sin
a hacerse tan
fuerte que destruya los productos locales?
Existió, desde luego, una justificada reacción contra la tendencia a la homogeneidad, pues era
evidente que los edificios no pueden ser ¡guales independientemente del clima, el lugar y las
tradiciones locales. Los alumnos de las universidades occidentales aplicaban miméticamente las
soluciones de sus escuelas sin cuidarse de adaptarlas al nuevo medio. Se come tieron así muchos
errores; y hemos visto y podemos aún ver numerosos edificios en cualquier parte del mundo, que
no sirven en absoluto, porque han sido trasplantados de un país y un medio distintos.
Dos movimientos, por lo tanto, entraron en conflicto. El primero,surgido de la mecanización y
estandardización, conducía a una homogeneidad de las soluciones. El otro se oponía a ella
alegando que tales soluciones eran impuestas sin tomar en consideración el clima y el lugar.
En las condiciones actuales es bastante probable que ambos movimientos, el que tiende a la
homogeneidad y el que defiende soluciones locales, sean convenientes para la mayor parte de los
países. El buen criterio en la elección de uno u otro dependerá de la relativa importancia que deba
darse a cada uno en un momento dado y para cada tipo especial de construcciones.
6.

Frente a Problemas Cuantitativos

Toda nuestra preocupación se ha dirigido hasta ahora al problema de la calidad, y hay que
confesar que, al hablar de arquitectura, tanto los arquitectos como los diseñadores de planos se
preocupan casi exclusivamente de problemas cualitativos. Hablamos de lo que nos gusta, de lo
mejor, de lo más racional, y raramente pensamos en los enormes problemas cuantitativos que
tenemos planteados.
Mirando alrededor, sin embargo, no vemos solamente la distancia entre lo académico y lo
moderno. Descubrimos que grandes masas de gente no están ni tan sólo interesadas en discutir
acerca de las diferencias entre lo nuevo y lo viejo, ni les importa si la arquitectura está
evolucionando de la labor manual a la producción industrial, o si nos las habernos con factores
locales o internacionales.. De hecho, estos son problemas que tienen que discutir los expertos y
que sólo puede entender un limitado número de personas. Las grandes masas de gente están
interesadas en su modo de vida, pero cuando hablan de arquitectura examinan superficialmente
los problemas de nuestra producción arquitectónica, de nuestro habitat o de nuestras ciudades.
Atiende especialmente a la apariencia de la arquitectura. Sin embargo,, si observamos, no las
fachadas de nuestros edificios, sino los interiores, descubriremos que millones de personas sin
casa o mal alojadas viven en condiciones de vida ínfimas.

Pero debemos dar otro paso y ver que no se trata tan sólo de que la mayoría de la humanidad
esté mal alojada, sino de que, además, muchas de nuestras necesidades no están servidas en
absoluto o están mal servidas por edificios defectuosos, demasiado pequeños o inadecuados a
nuestras necesidades.
¿Cómo reaccionamos ante el hecho de que nuestros esfuerzos constructivos sean menores que las
necesidades correspondientes, de que no sean de hecho ni tan sólo comparables a las verdaderas
necesidades de la humanidad? Seamos sinceros. En nuestras conversaciones sobre arquitectura
olvidamos a menudo el gran número de nuestros clientes potenciales, es decir, olvidamo s las
cuestiones cuantitativas relacionadas con la arquitectura, considerando que no tienen ninguna influencia sobre la situación. Pero ¿qué porcentaje de gente tiene, de hecho, el privilegio de una
casa decente o de una escuela adecuadamente construida? Nosotros no pensamos en esto ni lo
relacionamos con los problemas de calidad.
Si decidimos hacerlo hemos de reconocer que nos enfrentamos tanto con problemas cualitativos
como cuantitativos, y que los problemas cuantitativos no deberían ser dejados a un lado mientras
dedicamos nuestra atención especialmente a los cualitativos. Si esta parcialidad continúa,
estamos predestinados a permanecer en la época de transición. Seremos incapaces de salir de ella
y, lo que es peor, nuestros esfuerzos por servir a nuestros verdaderos clientes serán un completo
fracaso. ¿Cómo podemos decir que creamos una arquitectura cuando las soluciones dadas son
buenas o posibles tan sólo para cierto grupo muy reducido, j¡ue puede existir en todos los países
o sólo en algunos, p
ero que en todo caso constituye una minoría en relación con las grandes
masas de población a las que hemos de servir?
Ya es hora de que reconozcamos que, en esta época de transición, nuestra meta no puede ser la
creación abstrata de la arquitectura, sino la dedicación de nuestras obras al servicio de todos.
7.

De la Megalomanía al Realismo

Si estudiamos la auténtica dimensión de nuestro problema descubriremos que, lejos de ser
exageradas, las consideraciones precedentes no son más que pálidos bosquejos de la realidad.
Los arquitectos no influyen realmente en la arquitectura, sino tan sólo en una pequeña parte de la
actividad arquitectónica global. Y, lo que es peor, a la humanidad no le importa el problema
genérico de la creación arquitectónica; le importa sólo la pequeña parte relacionada con sus
necesidades privadas.
¿Cómo nos planteamos las cuestiones de este tipo?
A través de nuestras escuelas de
arquitectura. Pero el espíritu que allí prevalece no ayuda al arquitecto a afrontar nuestros
problemas. Basta indicar como ejemplo que la mayor parte de las escuelas enseñan estilos
arquitectónicos y ponen un gran interés en la consecución de un estilo moderno original. Pero lo
que interesa no es qué estilos han sido creados, sino más bien cómo han sido creados, cuál ha
sido el largo y difícil camino que la humanidad ha tenido que recorrer para crear un estilo
particular. Lo importante es el proceso por el que un estilo ha nacido, su nacimiento, y no el
estilo en sí mismo. Los estilos, como las civilizaciones que los han creado, nacen y mueren a lo
largo de los tiempos: lo que importa es el estudio de la dinámica de la formación de los estilos,
no el del estilo como forma o como fin en sí mismo.
Otro ejemplo de nuestro fracaso en el intento de plantear tales problemas de modo adecuado es
el hecho de que la mayor parte de las escuelas de arquitectura enseñan muy poco sobre casas
baratas, sobre el gran número de edificios que se necesitan en todas partes, concentrándose casi
exclusivamente en los pocos edificios excepcionales, sea en dimensiones o en concepción.
Es interesante observar que cuando hoy hablamos de arquitectura, cuando abrimos cualquier
revista o miramos lo que se exhibe, nuestra atención se fija en edificios que no pueden ser
repetidos fácilmente: en un teatro, una gran universidad o un enorme hospital. Pasamos de
largo ante la gran mayoría de los edificios que se repiten miles, cientos de miles, incluso millones

de veces, concentrando nuestra atención en las grandes realizaciones. Esto es bueno, desde
luego, si estas realizaciones son de verdad excepcionales. Pero atender especialmente a ellas sólo
porque son pocas y no fácilmente re-producibles, no teniendo en cuenta la gran mayoría de los
esfuerzos de la humanidad por el sólo hecho de que son modestos, es realmente un error. Es
natural atender especialmente a las realizaciones extraordinarias cuando son la materialización de
ideas acumuladas durante un cierto período, la expresión de una época determinada o incluso
cuando son la idealización de la arquitectura que nos rodea.
Durante las últimas generaciones -e incluso en la nuestra-, los arquitectos han estado sufriendo
de megalomanía. Todos piensan que su tarea consiste en crear otro Taj Mahal o Partenón; idea
que es al mismo tiempo errónea e inútil. ¿Podemos imaginar a nuestros practicantes intentando
únicamente imitar a Pasteur o a Koch? Lo que deberíamos entender es que la principal tarea de
un arquitecto es, como la de un médico, servir a su paciente basándose en los conocimientos adquiridos y que corresponde sólo a unos pocos investigar y buscar para conseguir un progreso
teórico o una realización nueva.
Así, cuando llega el momento de la construcción de un tipo de casa adecuado para millones de
personas, los arquitectos, acostumbrados como están a crear sólo edificios grandes y
monumentales, encuentran muy difícil emprender el trabajo o ser prácticos en su creación.
De hecho, los arquitectos están al margen del enorme movimiento de la creación de gran cantidad
de casas y otras construcciones. La tarea se deja en manos del hombre común o del vulgar
albañil, del industrial o del contratista, con el resultado de que no se llevan a cabo más que
soluciones conformistas y una dócil imitación de la moda local. La arquitectura es, así, creada no
por los arquitectos, sino a pesar de ellos.
Es ya hora de reconocer que los arquitectos hemos cometido graves errores; en lugar de ser la
vanguardia, los cruzados de la construcción de casas para las masas, nos hemos quedado
tímidamente en segundo plano, dejando a otros nuestra tarea.
8.

La Verdadera Cuestión: Cómo Pensamos Vivir

Reconociendo todo esto, debemos centrar la atención por un instante en algo aun más sustancial
que el proyecto o plan arquitectónico: en la cuestión de cómo vivimos.
Debemos atender el
problema no de cómo nuestra arquitectura debe parecer, sino de cómo debe servirnos. Tenemos
que admitir, ante todo, que no vivimos como desearíamos, y que la cuestión da cómo
desearíamos vivir y de cuáles son nuestros verdaderos ideales es una cuestión aún más difícil de
resolver. Al formularnos esta pregunta hemos de tener cuidado en definir sus tres elementos:
nosotros, deseamos, vivir.
Al decir "nosotros" nos referimos al hombre cualquiera de cualquier parte, que entra en juego no
solamente para ser servido por la arquitectura, sino también para decidir acerca de ella. Esto
conduce a nuevas dimensiones del problema y a nuevas técnicas en su solución.
La segunda noción, "deseamos", introduce un difícil elemento, pues es un concepto que por su
misma naturaleza es difícilmente definible.
¿Representa el "deseamos" el sentimiento de las
necesidades (materiales e intelectuales) del ciudadano medio, llevando, como lleva, el lastre
paralizador de su habitat actual?
O representa quizás el conocimiento del experto, o incluso el
sueño del visionario? ¿Cómo debemos definirlo?
La tercera y última noción, "vivir", requiere también una interpretación adecuada. Al decir "vivir",
¿nos referimos al tiempo que pasamos dentro de la arquitectura (de los edificios), alrededor de
ella (plazas públicas, calles...), o incluso lejos de la misma? Después de responder a estas tres
preguntas básicas podemos plantearnos otras más concretas:
¿Deseamos habitar en ciudades
pequeñas o en ciudades grandes, sn pequeñas comunidades o en comunidades mayores? ¿Preferimos vivir en casas de pisos, en hotelitos aislados o en colonias de villas? y luego, ¿cómo

queremos movernos? ¿Queremos andar o movernos en ascensores, escaleras o suelos móviles?
¿Deseamos incluso ser transportados por cintas móviles dentro de nuestras casas, como ha sido
recientemente propuesto?
Es importante que nos preguntemos al llegar aquí por qué hemos prestado últimamente mayor
atención al viajar que al vivir en nuestras casas. ¿Cómo podemos justificar el hecho de que tanta
gente tenga mejor coche que hogar; de que tanta gente que se avergonzaría de conducir un
coche viejo viva en casas destartaladas? ¿Es quizá muestra de una tendencia al nomadismo?, ¿o
simplemente la falta de habilidad de nuestra sociedad en solucionar los problemas de la vivienda?
Personalmente, creo que esta segunda causa es la que está transformando a mucha gente, lenta
pero seguramente en nómadas, ya que no tienen una vivienda permanente adecuada. También es
oportuno preguntarnos por qué hemos sido incapaces de plantearnos tantos otros problemas
importantes relacionados con nuestra arquitectura, como por ejemplo el de la estructura de
nuestras comunidades urbanas.
Es ahora, en suma, el momento de preguntarnos si podemos definir nuestros ideales respecto del
mejor modo de vida. Sólo si sabemos realmente cómo deseamos vivir y cuáles son nuestros
ideales, podremos hallar respuesta a nuestros múltiples problemas, porque sólo entonces
sabremos cuál ha de ser nuestra meta.
Una vez definidos nuestros ideales y necesidades podremos preocuparnos del grado en que
servimos tales necesidades. Entonces reconoceremos
que en realidad no las servimos
satisfactoriamente, sino tan sólo hasta un cierto límite, en áreas limitadas y para un número
limitado de personas
.
Al descubrir nuestra época como una época de transición, afirmábamos que no solo la
arquitectura, sino todo en general se caracterizaba en ella por un alto índice evolutivo, que todo
está en transición y que la arquitectura está simplemente siguiendo esta tendencia general.
Enfocamos el problema al modo que lo hacen usualmente los arquitectos: encontrándonos en una
transición de lo académico a lo moderno, tratando de descubrir que estamos apresados entre lo
viejo y lo nuevo, y de darnos cuenta de que no estamos seguros de lo que queremos decir con la
palabra "nuevo", y que tenemos que definirla.
Nos aproximamos entonces a los problemas
relativos a la sustancia de la arquitectura y dijimos que nos movemos, desde la manufactura,
hacia la industria en la producción arquitectónica, que estamos cogidos entre las fuerzas locales y
las internacionales, y sobre todo, que tenemos planteados problemas cuantitativos y que
nosotros, los arquitectos, entorpecidos por la megalomanía, no tenemos una visión realista de
nuestros problemas. Llegamos entonces a la cuestión de cómo deseamos vivir, cosa que tenemos
que saber bien antes de definir cómo deberíamos de hecho vivir.
Una generación atrás, nuestro gran problema era cómo romper con el pasado, cómo romper los
lazos de siglos y ser libres para crear. Ahora, nuestro problema surge del hecho de encontrarnos
embrollados en un período transitorio de la humanidad, y por lo tanto en un período transitorio de
la arquitectura. El problema es que, debido a esta transitorie-dad, nos hallamos confusos y
hemos de superar este estado antes de volver a emprender el camino.
La función del arquitecto está cambiando a causa de la evolución de la arquitectura desde la
manufactura a la industria, y debemos asegurarnos de que el arquitecto es capaz de jugar su
nuevo papel.
El arquitecto debe intervenir en la producción industrial influyéndola
adecuadamente, y debe ser también el hombre capaz de crear una más amplia síntesis.
Van desapareciendo muchas de las preocupaciones en los proyectos cotidianos; el arquitecto no
tiene ya que preocuparse por los detalles de cada ventana, de cada puerta o de cada tejado. La
industria proveerá, con su ayuda, respuestas a tales problemas y él se hallará
libre para
encontrar su nuevo papel, el de crear, por ejemplo, mejor arquitectura dedicando más tiempo a la
síntesis racional y estética de los distintos elementos.

Hemos de concluir quizá que en el futuro tendremos que habérnoslas con dos distintos tipos de
arquitectos. Uno que se aliará a la industria para contribuir en la producción de los elementos de
la nueva arquitectura. El otro, que puede influir en la industria describiendo con con precisión los
productos que solicita, al tiempo que deja a otros el trabajo de diseñarlos y producirlos, puede
trabajar más en el ámbito de más amplias creaciones para la formación de nuestro habitat.
Podemos vernos también forzados a buscar otras soluciones que pueden llevar incluso a una
revolución en nuestras ideas acerca de la arquitectura y de los arquitectos. Y debemos sentirnos
libres para hacerlo si parece necesario, pues existimos para servir necesidades humanas y no para
imponer cualquier clase de ideas o disciplinas aprendidas.
C.
1.

LAS CAUSAS DE LA CRISIS
Las Verdaderas Conclusiones

Es ahora evidente que nuestra confusión en asuntos de arquitectura es debida a la etapa de
transición que estamos pasando, y que esto constituye también el principal problema que
tenemos planteado. Parece necesario, por lo tanto, tratar de encontrar las verdaderas causas de
este problema. Sólo entonces podremos definir las fuerzas que están en juego y las tendencias
que están emergiendo, y de este modo pensar claramente la arquitectura del futuro.
1.1.

El Crecimiento de la Población

Nuestro primer problema y causa es lo que a veces se ha llamado la explosión de la población.
Nunca se había presenciado en el mundo tal expansión de sus habitantes, con el resultado de que
mientras la población crece más deprisa debido al avance de la medicina moderna y los
programas de salud pública, su incremento no es compensado por ninguna aceleración
comparable en la actividad arquitectónica, resultando así que mucha gente se queda sin casa ni
habitación. El mismo sujeto a quien la arquitectura sirve ha proliferado, creándose como
consec uencia peores condiciones que nunca.
1.2.

Desarrollo Económico

El segundo problema y causa de nuestro período de transición es el desarrollo económico, que se
produce según un índice sin precedentes, tanto si se considera el índice promedio de todo el
mundo como si se atiende sólo al índice de un país en particular. Este índice no puede ser
estimado en sí mismo con exactitud, pero es ciertamente mayor que el índice de crecimiento de la
población. Puede ser, en general, del orden de un 3 o un 4 por ciento, aunque en algunos países
y en determinados períodos puede ser incluso mayor de un 10 por ciento.
1.3.

La Socialización

El tercer problema básico, que es al propio tiempo causa fundamental de nuestros problemas, es
el de la rápida socialización de todos los aspectos de nuestra vida. En un pasado que no termina
antes de hace una o dos generaciones, el arquitecto tenía que trabajar para reyes y nobles, para
la casa del Señor o para la mansión de su señor temporal. A veces tenía que trabajar para
centros civiles en ciudades donde el municipio asumía la responsabilidad del casco ciudadano, o
para fortunas privadas que deseaban mansiones o villas construidas para sus fines privados.
Ahora sin embargo, nuestra actitud está cambiando radicalmente, y la atención de los gobiernos,
de las sociedades o de las entidades locales se dirige al servicio de todos los ciudadanos. Ahora
debe proveerse de alojamiento a todo el mundo y a todos deben darse las facilidades que ofrece
la sociedad moderna. Esto está ocurriendo en todas partes, independientemente de los sistemas
políticos, aunque en proporciones variables según los programas de desarrollo económico y la
política social de los distintos países, y lleva a un cambio todavía mayor en los conceptos. Dicho
simplemente: no construimos ya monumentos.

La oferta tendrá así que aumentar, eventualmente, a un ritmo muy superior al del resultado de la
suma del crecimiento de la población y el aumento de los ingresos per capita. Esto planteará
problemas incluso mayores en términos de producción, y no solo por el número, sino también por
la calidad que será exigida a los edificios.
1.4.

Aparece el Coche

Una causa importante de nuestros problemas es la máquina, que ha entrado en nuestras vidas de
una vez para siempre, y con un doble e
fecto. El primero se debe al carácter cambiante del
transporte y es un efecto de escala. El estilo arquitectónico, antes definido en relación al hombre
solo, se define hoy en relación al hombre considerado conjuntamente con la máquina. El coche
o cupa el lugar central en nuestro concepto de la escala hombre-máquina, pues es el coche el
elemento mecánico más significativo que ha entrado en nuestras vidas, cambiando nuestra ¡dea
del transporte e influyendo por lo tanto en la arquitectura.
El automóvil ha irrumpido bruscamente en nuestras vidas y nos ha echado de la carretera, de las
calles y de las plazas, impidiéndonos incluso mirar o acercarnos a nuestros edificios de manera
adecuada. Planteando el conflicto entre el hombre y el coche, hemos dejado a amb os
insatisfechos, pues hemos destruido la escala de la vida juntamente con la escala de la
arquitectura. Hemos causado especialmente el infortunio del hombre, pues se ha vuelto una
persona desplazada en su propia ciudad. Pero hemos hecho también de los coches -o más bien de
sus conductores- unos desgraciados, porque, aunque construidos para una gran velocidad, están
obligados a cruzar las poblaciones a velocidades de seis kilómetros por hora en una ciudad como
Glasgow, o a diez kilómetros por hora en Londres.
Nuestros edificios no están ya hechos a la medida del hombre, pues en muchos lugares de
muestras mayores ciudades parecen estar flotando en un lago de coches. Tampoco los
monumentos y estatuas pueden ser ya vistos en su original perspectiva a causa de la ruptura de
la relación entre los seres humanos y sus alrededores cotidianos.
El segundo efecto de esta irrupción del coche es la tendencia, que se manifiesta en muchos
países, a vivir a mayor distancia de la ciudad. Al ganar la facilidad de ir y volver a casa en coche
se ha roto la unidad arquitectónica anterior, que se basaba en la construcción de casas separadas
por grandes distancias, en jardines por los que se aislan las unas de las otras en el paisaje rural.
Oe este modo se forman unos espacios que en el fondo tienen un carácter negativo.
Nuestro espacio urbano tenía antes un carácter positivo: cuadrado o circular, tenía su propia
forma característica. Ahora, por el contrario, el espacio ha tomado en muchos lugares un cariz
negativo. Y esto representa un grave error de nuestra parte.
1.5.

La Industrialización y el Progreso Tecnológico

La quinta causa de nuestros problemas es la industrialización y el progreso tecnológico; ambos
factores han contribuido a la expansión de la arquitectura en la tercera dimensión de la altura y la
profundidad. Gracias a ellas el rascacielos es un elemento de nuestro mundo arquitectónico y se
plantean como consecuencia nuevos problemas tecnológicos y arquitectónicos.
La industrialización y la tecnología han posibilitado edificios que se desarrollan en una tercera
dimensión no sólo de altura sino también de profundidad, pues existe hoy un considerable
aprovechamiento de las posibilidades subterráneas que se ofrecen en las ciudades.
Esta
explotación, realizada tanto bajo los edificios como bajo los espacios exentos, provee de medios
de transporte, servicios públicos, instalaciones, etc.
La complejidad de los problemas que orig¡na(obliga a la arquitectura a abandonar la época de la
manufactura, que podría haber subsistido aún con los edificios de uno, dos o tres pisos.

1.6.

La Concentración Urbana

La sexta causa fundamental de nuestros problemas es la concentración urbana. La concentración
urbana es el resultado del crecimiento de la población del desarrollo económico y de la
socialización, así como de la industrialización y los mo dernos medios de transporte. Sin embargo
ha constituido en sí misma la causa principal de todos nuestros problemas al alterar
completamente la escala y el contorno de nuestra creación arquitectónica.
La gran mayoría de nuestros edificios se construye ahora en zonas urbanas, y la arquitectura
manifiesta desde luego la influencia de su nuevo medio. Hemos visto ya que la arquitectura se ha
extendido en altura y profundidad, pero ésta no es la sola ni siquiera la más imp ortante
característica de la arquitectura en las zonas urbanas.
Existe el conflicto con los medios
modernos de transporte, pero ocurre también el hecho de que en las crecientes áreas urbanas, las
construcciones del pasado que daban a las ciudades un carácter monumental -iglesias,
ayuntamientos, monumentos, etc.- están pasando a un segundo plano en la ciudad. Y ello por el
simple hecho de que fueron concebidos como edificios de pocos pisos. La iglesia ya no es el
edificio más alto de la ciudad, y lo mismo ocurre con todas las construcciones monumentales. De
ello se sigue que la influencia directa que tales construcciones ejercían sobre la gente está
declinando y al propio tiempo pierde importancia su misma función como símbolos al haber
perdido relevancia en la escala de la ciudad.
Las grandes construcciones del pasado de naturaleza monumental constituían al mismo tiempo los
mayores elementos de la ciudad, que decidían su ritmo y le imprimían su carácter. Ahora se han
vuelto relativamente pequeñas y su influencia ha disminuido también hasta el punto de que hoy
podemos ya sentir la diferencia. No tenemos más que contemplar una iglesia en una ciudad en
crecimiento, oculta entre edificios mucho más altos, para darnos cuenta de que el perfil convexo
de la ciudad cuyos puntos culminantes eran las construcciones de carácter monumental, ha
sufrido una metamorfosis que lo ha convertido en un perfil cóncavo en que aquellas
construcciones han sido reducidas a la insignificancia.
1.7.

La Coexistencia de Muchas Fuerzas

La séptima y última causa de nuestros problemas es la misma existencia de todos los factores o
fuerzas mencionadas: del crecimiento de la población, el desarrollo económico, la socialización, la
mecanización del transporte, la industrialización, el progreso tecnológico y la concentración
urbana, al mismo tiempo y en los mismos lugares.
La coexistencia e interrelación de todas las fuerzas a que nos hemos referido tan insistentemente
fuerzan al hombre a saltar de un modelo de vida nómada o rural al de la moderna
industrialización. Un pastor o un campesino pueden tener que transformarse, de la noche a la
mañana, en obreros industriales; es decir, que un organismo libre en la naturaleza tiene que
transformarse en un ser social disciplinado. Esto es sólo un ejemplo de la tremenda tensión a que
está hoy condenada la gente, y que nos fuerza a nosotros a buscar nuevas soluciones en la
arquitectura que puedan salvar al hombre del abatimiento con que le están amenazando sus
nuevos modos de vida.
Está ahora bien claro que hoy nos las habernos con una situación dinámica que origina multitud
de problemas en cada aspecto de nuestras vidas, y con ello nuevas demandas de creación
arquitectónica.
Estos problemas van de los más prácticos y cuantitativos a aquellos que
envuelven valores culturales y estéticos.
2.

La Nueva Dimensión del Tiempo

Si tratamos ahora de captar la principal característica de una situación que ha alterado tan
radicalmente el contexto en que se levanta nuestra arquitectura, veremos que lo que realmente
ha cambiado es nuestra noción del tiempo.

Es cierto que la población había crecido; es cierto que el proceso de socialización había empezado
y la carrera de la me canización había sido ya introducida en nuestras vidas. Pero los cambios
originados por todos estos fenómenos tuvieron lugar en un tiempo mucho más lento. Nuestras
necesidades fueron aumentando sin duda en el pasado, pero sin duda a un ritmo mucho menor.
Lo realmente distinto de nuestra época es, por lo tanto, el tiempo del cambio, que se ha expresado ya en la población y en los fenómenos económicos y sociales, pero no en la arquitectura. Y
de este modo ha nacido la separación.
D.

LOS ARQUITECTOS Y LA ARQUITECTURA

1.

La Marea Creciente

Es ahora evidente que nos hallamos en un período de completa confusión arquitectónica tanto en
el reino de las ideas como en el de la acción, sin duda debido al hecho de que estamos pasando
una época de transición. Esta transición entorpece el intento de clarificar nuestras ideas, en
primer lugar porque vivimos con muchas de las formas del pasado, aún cuando las condiciones
bajo las que fueron creadas han cesado ya de existir.
2.

La Responsabilidad del Arquitecto.

No podemos de modo alguno aceptar la idea de que el arquitecto no es responsable en el ámbito
de la creación arquitectónica. Pero tampoco podemos esperar de él que se vuelva un dictador.
Nadie tiene tal derecho, ni siquiera en su propio campo.
La humanidad se reserva la decisión
final en las grandes alternativas como las de su modo de vida, su arte y su arquitectura. El
arquitecto no tiene la última palabra, y en ningún caso puede imponer su voluntad a la comunidad. Pero tampoco puede sentarse ociosamente y limitarse a seguir los nuevos hechos tal
como se presentan.
Es evidente que el arquitecto -como experto en el campo de la arquitectura- tiene una gran
responsabilidad, a saber: estudiar los problemas contemporáneos y proponerles soluciones. Al
decir problemas contemporáneos no nos referimos simplemente a los problemas del diseño
arquitectónico stricto sensu, sino a los problemas más amplios de la arquitectura en una sociedad
en estado de desarrollo. Es el arquitecto, por lo tanto, quien tendría que estudiar la situación que
se desarrolla a su alrededor, interpretarla en términos de arquitectura, presentar sus conclusiones
en forma de construcciones, diseños y textos, exponer la necesidad de una nueva creación
arquitectónica y luchar por la causa justa.
Si hace esto como debe entenderá que hasta cierto p
unto está obligado a seguir las directrices
generales de su época. El arquitecto no tiene derecho, por ejemplo, a oponerse a la
industrialización y estandardización, pues estas fuerzas generales, ahora en pleno desarrollo,
están sirviendo y ayudando a la h
umanidad en su camino hacía la socialización y elevación del
nivel de vida. El arquitecto tiene que entender el sentido positivo de la industrialización y la
estandardización relativo a su propia creación y debe estar preparado para crear una arquitectura
que corresponda a las directrices generales de la humanidad. Su función es producir lo mejor que
cabe producirse dentro de estas directrices, y no cambiar las tendencias generales de la
humanidad. No debe, por otro lado, aceptarlas como hechos que no l permiten ya crear nada
e
mejor. Ciertamente, no puede diseñar sin los elementos estandardizados con los que la industria
ha sustituido al artesano, pero tampoco ha de aceptar el producto industrial tal cual sin tratar de
mejorarlo y adaptarlo a sus propios designios arquitectónicos.
Esto conduce a la simple
conclusión de que el arquitecto tendrá un día que entrar en el ámbito industrial y producir su
construcción en la fábrica, en lugar de estar esperando a que los productos arquitectónicos sean
creados por el ingeniero mecánico o el diseñador industrial, sin su colaboración.
De igual modo, no es el arquitecto quien ha de enjuiciar la tendencia hacia la socialización de
nuestros modos de vida. No tiene derecho a dedicarse exclusivamente a la erección de edificios

monumentales, como hacía en el pasado. Tiene que entender la necesidad de la socialización en la
sociedad actual y futura, y ajustar su arquitectura para servir a los fines más generales de la
humanidad establecidos hoy por un número mayor de personas y para un mejor modo vida.
O, tomando otro ejemplo, podemos afirmar que no es función del arquitecto decir "¡Prescindamos
del coche! ". Su papel y su responsabilidad consisten en entender que el coche, como la máquina,
está ahí y continuará estándolo (a menos que le sustituya algún otro medio de transporte),
aunque no como el maestro de nuestra arquitectura o nuestro modo de vida, sino como nuestro
servidor.
¿Puede el arquitecto trabajar en este sentido?
responsabilidad. Si no puede es que no va a alcanzarla.
3.

Si puede es que está alcanzando su

El Fracaso del Arquitecto

Tenemos ciertamente derecho a decir esto de una profesión que se las ha arreglado para influir
sólo en una ínfima parte de la actividad total de su campo y que ha conseguido contribuir tan poco
a la creación de mejores condiciones de vida para la humanidad. ¿Cómo podemos justificar
nuestra existencia al hombre de la calle si él sabe que no le servimos ni directamente, pues su
casa no ha sido construida por un arquitecto, ni aún indirectamente, pues no contribuimos a la
creación de un habitat mejor?
Estos hechos son evidentes y no podemos continuar ya
escondiendo la cabeza en la arena.
Antes de llevar más lejos nuestro argumento, permítaseme explicar
categóricamente del fracaso del arquitecto. Las razones son éstas:

por

qué

hablo

tan

a.
En términos cuantitativos, el arquitecto no se encarga de más de un 5 por ciento de la total
actividad constructora en el mundo, ni de más de una millonésima parte de la creación total de
espacio urbano.
b.
En términos cualitativos, incluso una gran parte de esta limitada actividad es de muy baja
calidad sea por causa de las fuerzas de inercia sea por la de una mala comprensión de la tarea del
arquitecto.
c.
Las creaciones arquitectónicas valiosas se limitan a unas pocas construcciones de calidad.
Estas construcciones no forman un espacio público arquitectónico en las agrupaciones humanas, y
por consiguiente su efecto se pierde en gran medida.
Existen muy pocos edificios que hayan conseguido crear nuevos conceptos arquitectónicos y que
hayan contribuido a la consecución de un mejor sistema de vida, y son muy pocos también los
que han conseguido crear un espacio arquitectónico, y éstos no bastan para justificar la actividad
de los arquitectos de todo el mundo o la existencia de las escuelas de arquitectura. No olvidemos
que dos de los tres arquitectos considerados como más importantes entre los modernos (Le
Corbusier, Mies van der Rohe y Gropius) no estudiaron en escuelas de arquitectura y que
empezaran a construir por iniciativa propia.
Todo esto nos lleva a una definición del papel y obligaciones del arquitecto, así como a un examen
de la función y sentido de la arquitectura.
¿Se limita la arquitectura al diseño de unos pocos edificios, a presentar una buena fachada a la
calle y a crear unas pocas habitaciones racionalmente distribuidas en el interior? ¿Podemos estar
justificados como arquitectos si creamos construcciones individuales que son satisfactorias en sí
mismas? ¿Basta que las construyamos en el ma rco de planos generales y distribuciones urbanas
inadecuadas de modo que no contribuyan a la creación de un ambiente mejor, de un mejor
habitat en conjunto? ¿O hacer arquitectura consiste en algo más importante? ¿Podría consistir
la arquitectura en producir simplemente unos pocos edificios satisfactorios en algún punto del
cono de la actividad edificatoria total, o tiene la arquitectura que hacer algo más que esto?

4.

El Sentido de la Arquitectura

Las últimas preguntas plantean algunos problemas básicos relativos a la naturaleza misma de la
arquitectura.
¿Qué queremos decir con la expresión "creación arquitectónica"? ¿Y por qué
hablamos de la influencia o falta de influencia de la arquitectura, de su limitación a una área
particular o de su producción de soluciones híbridas?
Al hablar de arquitectura aceptamos desde hace tiempo que no significa la total actividad
edificadora, sino una técnica y un arte enseñado en las universidades -un producto de la
tecnología organizada de los países en desarrollo-. En este sentido la arquitectura tiene la
influencia limitada que le hemos atribuido.
Pero no fue siempre así, puesto que la arquitectura (del griego architekton, que significa'maestro
en albañilería" o "maestro en construcción") fue esencialmente el arte de la construcción. Era,
como tal, la expresión de las mejores técnicas de que disponía en cada época, así como la
expresión de aquellas mentes poderosas que, por selección natural, se encontraron en el vértice
del cono de la creación arquitectónica. La cima de este cono representaba en cada cultura la expresión monumental de la artesanía de la construcción tal como era ejercida por cada uno de los
alhamíes y constructores del país.
Hoy, en la era de la socialización rápida y del interés creciente en toda la humanidad, ia
arquitectura no tiene justificación alguna para concentrarse en uno o en unos pocos edificios o
grupos de edificios, sino que tendría que poder cubrir una comunidad, una región, un país; en
definitiva, la actividad constructora total del mundo.
Esta interpretación no se debe sólo a los más amplios conceptos de nuestra era, sino también al
hecho de que ya no es posible establecer distinciones entre partes importantes y no importantes
de una ciudad, o entre zonas monumentales y no monumentales; pues las ciudades se
caracterizan hoy por un concepto omnicomprensivo del espacio arquitectónico.
Así, si aceptamos la arquitectura como la técnic a y arte de llevar a cabo la actividad constructiva
total, concluiremos necesariamente que la arquitectura está también enormemente influida por la
ciencia, ya que en nuestro tiempo todo tiende a hacerse más y más científico.
Mirada desde un punto de vista científico, la arquitectura está menos avanzada que ningún otro
ámbito de actividad de nuestra época. La investigación arquitectónica es muy limitada; además,
se ha hecho muy poco en lo que se refiere a un concepto adecuado del espacio arquitectónico
f uera y dentro de los edificios, o de la relación del hombre con el espacio en que vive en términos
psicológicos, microclimáticos, o estéticos.
De modo parecido, la arquitectura se encuentra rezagada en el campo de las técnicas de
construcción, donde su contribución es aún elemental, si no primitiva, en contraste con las Obras
revolucionarias realizadas por otros sectores. Finalmente, debido a la gran inercia de la creación
arquitectónica, podemos también afirmar que la arquitectura está rezagada incluso desde el punto
de vista del arte.
Este concepto adecuado de la arquitectura que cubre todo el campo de la actividad constructora
nos recuerda la manera como fue creada. En realidad, la arquitectura se creó en el nivel inferior
del cono de la actividad constructora total; fue luego refinándose a medida que ascendía a un
nivel superior hasta que encontró por fin su expresión monumental (aunque no necesariamente la
mejor} en el vértice del cono.
En este sentido podría definirse la arquitectura como la actividad constructora total con su
expresión monumental en el vértice. Por esto mucha gente en distintas épocas tomó el vértice de
la pirámide por el todo y definió la arquitectura tan sólo como el arte y técnica de las
construcciones monumentales.
La situación sólo ha cambiado en las últimas generaciones y se ha creado directamente la
arquitectura en la cima extendiéndose desde ella a los niveles inferiores. Así, mientras que la
arquitectura expresaba antes del punto culminante de una artesnía realizada en todo el mundo y
era un producto natural de la experiencia constructora total, hoy es concebida y enseñada a otro
nivel y trata de influir la actividad total desde la cumbre.
Si queremos atender al mismo problema en el espacio tendremos que examinar las fuerzas que
llevan a la creación de la arquitectura y sus modos de operar. En el pasado, la creación

arquitectónica en el espacio se movía en una dirección: desde los elementos más pequeños a los
de mayor tamaño. Un campesino construiría su cabana, un alhamí una casa me jor, un mejor
albañil perfeccionaría esta casa, un maestro de obras haría las construcciones más importantes en
c ada centro y los mejores maestros crearían la arquitectura monumental.
La arquitectura
monumental no era creada en el vértice del cono, sin relación directa con los elementos más
pequeños en el espacio; de hecho, lo cierto es todo lo contrario, pues era un producto de la
creación arquitectónica